Historia
El milagro de Empel, la Inmaculada Concepción protegió a la Infantería española en Flandes
Aquella victoria de las armas españolas fue causada, según los holandeses, a que "Dios era español"
Desde los grandes reyes de la Reconquista, como Fernando III 'El Santo' y Jaime I 'El conquistador', pasando por Isabel 'la Católica' quien apoyó en 1484 a santa Beatriz de Silva, dama de corte de Isabel de Portugal, en la fundación de la Orden de la Inmaculada Concepción, como orden religiosa católica de clausura monástica, se viene orando y encomendadose en España a la madre de Jesús. Después los forjadores del Imperio, como Carlos V y su hijo Felipe II fueron fieles caballeros defensores de la Inmaculada Concepción. La orden franciscana fue la gran impulsora del dogma por todo el orbe español, donde ciudades como Sevilla, la capital económica del imperio, juraría su compromiso en la defensa de la Concepción de María.
Como bien relata José Luis Orella en su artículo 'El Milagro de Émpel: "Cuando Dios era español" uno de los hechos más asombrosos que se le atribuyen a la Inmaculada Concepcion y que servirá de devoción entre el personal castrense será el Milagro de Empel.
El hecho procede de cuando nuestros infantes se encontraban luchando contra los rebeldes holandeses adictos al calvinismo, mientras nuestras tropas mantenían la fe católica en Flandes junto a otros pueblos del imperio. El Tercio de Francisco de Bobadilla le fue encomendada la guarnición en la ciudad neerlandesa de Bonmel, en 1585. En aquella fría fecha los españoles fueron sitiados por fuerzas superiores holandesas, quienes desde sus embarcaciones impedían el abastecimiento de la población católica sitiada que defendían los españoles. La situación no era nada propicia para los españoles, ya que estaban esperando a que la mañana siguiente el ataque enemigo los masacrase. Sin embargo, en la noche del 7 de diciembre, un centinela del tercio encontró en una pequeña covacha de las fortificaciones una imagen de la Virgen Inmaculada,pintada en una tabla. Los católicos escondían las imágenes religiosas ante el furor iconoclasta de los calvinistas.
Reunidos los oficiales de la unidad decidieron responder a los sitiadores que preferían la muerte al deshonor de la rendición. El tercio, bajo la dirección de su capellán de campaña y su maestre de campo, Francisco de Bobadilla, llevan la imagen de procesión hasta la iglesia del lugar orando ante ella por su esperado final. Aquella noche bajaron las temperaturas congelando las aguas que rodeaban la localidad, atrapando los barcos holandeses en el hielo. En la madrugada del 8 de diciembre, los infantes españoles organizaron una «descamisada» cruzando la superficie del río congelado. La incursión española sorprendió a los holandeses, que perdieron varios de sus buques y a muchos de sus hombres ante los aceros templados de los españoles. La imagen de la Inmaculada Concepción fue reconocida de inmediato como patrona de los tercios de Flandes.
Aquella victoria de las armas españolas fue causada, según los holandeses, a que «Dios era español». Desde aquel momento, la infantería española antes de cada combate se encomienda a su Madre y recuerda su pasado glorioso, en el que los españoles dedicados a las armas, todavía mantienen como lema «a España, servir hasta morir».
Aquel tercio era el que había liberado la ciudad de Amberes, la capital económica de los Países Bajos del sur, donde se mantenía la soberanía española. Su cercanía a la zona la convirtió en receptora de muchos fugitivos del campo protestante. Una de aquellas familias fue la de una viuda acompañada de su numerosa prole. Uno de aquellos niños que la acompañaban se convertirá en Pedro Pablo Rubens, el mayor pintor flamenco del imperio español.

Desde los grandes reyes de la Reconquista, como Fernando III 'El Santo' y Jaime I 'El conquistador', pasando por Isabel 'la Católica' quien apoyó en 1484 a santa Beatriz de Silva, dama de corte de Isabel de Portugal, en la fundación de la Orden de la Inmaculada Concepción, como orden religiosa católica de clausura monástica, se viene orando y encomendadose en España a la madre de Jesús. Después los forjadores del Imperio, como Carlos V y su hijo Felipe II fueron fieles caballeros defensores de la Inmaculada Concepción. La orden franciscana fue la gran impulsora del dogma por todo el orbe español, donde ciudades como Sevilla, la capital económica del imperio, juraría su compromiso en la defensa de la Concepción de María.
Como bien relata José Luis Orella en su artículo 'El Milagro de Émpel: "Cuando Dios era español" uno de los hechos más asombrosos que se le atribuyen a la Inmaculada Concepcion y que servirá de devoción entre el personal castrense será el Milagro de Empel.
El hecho procede de cuando nuestros infantes se encontraban luchando contra los rebeldes holandeses adictos al calvinismo, mientras nuestras tropas mantenían la fe católica en Flandes junto a otros pueblos del imperio. El Tercio de Francisco de Bobadilla le fue encomendada la guarnición en la ciudad neerlandesa de Bonmel, en 1585. En aquella fría fecha los españoles fueron sitiados por fuerzas superiores holandesas, quienes desde sus embarcaciones impedían el abastecimiento de la población católica sitiada que defendían los españoles. La situación no era nada propicia para los españoles, ya que estaban esperando a que la mañana siguiente el ataque enemigo los masacrase. Sin embargo, en la noche del 7 de diciembre, un centinela del tercio encontró en una pequeña covacha de las fortificaciones una imagen de la Virgen Inmaculada,pintada en una tabla. Los católicos escondían las imágenes religiosas ante el furor iconoclasta de los calvinistas.
Reunidos los oficiales de la unidad decidieron responder a los sitiadores que preferían la muerte al deshonor de la rendición. El tercio, bajo la dirección de su capellán de campaña y su maestre de campo, Francisco de Bobadilla, llevan la imagen de procesión hasta la iglesia del lugar orando ante ella por su esperado final. Aquella noche bajaron las temperaturas congelando las aguas que rodeaban la localidad, atrapando los barcos holandeses en el hielo. En la madrugada del 8 de diciembre, los infantes españoles organizaron una «descamisada» cruzando la superficie del río congelado. La incursión española sorprendió a los holandeses, que perdieron varios de sus buques y a muchos de sus hombres ante los aceros templados de los españoles. La imagen de la Inmaculada Concepción fue reconocida de inmediato como patrona de los tercios de Flandes.
Aquella victoria de las armas españolas fue causada, según los holandeses, a que «Dios era español». Desde aquel momento, la infantería española antes de cada combate se encomienda a su Madre y recuerda su pasado glorioso, en el que los españoles dedicados a las armas, todavía mantienen como lema «a España, servir hasta morir».
Aquel tercio era el que había liberado la ciudad de Amberes, la capital económica de los Países Bajos del sur, donde se mantenía la soberanía española. Su cercanía a la zona la convirtió en receptora de muchos fugitivos del campo protestante. Una de aquellas familias fue la de una viuda acompañada de su numerosa prole. Uno de aquellos niños que la acompañaban se convertirá en Pedro Pablo Rubens, el mayor pintor flamenco del imperio español.






















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