Francisco y los emigrantes
He seguido con mucho interés la visita de Su Santidad el Papa Francisco a Marruecos en la que, como era de esperar, se ha hecho referencia a la situación de los migrantes.
El Papa no ha aportado nada nuevo a su discurso habitual a este respecto nada ajeno a la buena voluntad de quién es la cabeza visible de una Iglesia que debe ser -y lo es- el paradigma de la lucha contra las desigualdades y la pobreza. Así, Su Santidad manifiesta su tristeza por la presencia de concertinas en los vallados de Ceuta y de Melilla y se reafirma en que nadie debe perecer en el mar como consecuencia de los movimientos hacia Europa.
Y en todo ésto se mezcla algo que está pasando muy desapercibido o está siendo muy silenciado: el papel que juegan las organizaciones criminales dedicadas al tráfico de seres humanos y al caso más extremo de éste, la trata de seres humanos con fines de explotación sexual o laboral.
Ya he citado en artículos anteriores la respuesta del Obispo de Dakar a las políticas excesivamente buenistas del Vaticano y la influencia que éstas pueden tener en el aumento de las actividades de las mencionadas organizaciones mafiosas. Que algunas ONGs e Incluso Organizaciones Internacionales las publiciten o las reclamen, puede entrar dentro de lo normal. Pero que desde el papado se potencien puede ser un tanto irresponsable.
Hace unos días ví en uno de los informativos de televisión un informe de una ONG que recogía testimonios de migrantes en Libia y las concusiones no pueden ser más sobrecogedoras: violaciones, torturas, abusos… tanto a hombres como a mujeres. Confieso que he intentado buscar el nombre de la ONG mencionada, pero la noticia se ha “borrado” de los medios. ¿Realmente tiene tan poco interés el que la opinión pública conozca lo que está pasando en esas etapas intermedias de la larga ruta migratoria entre los países de origen y las fronteras europeas?. No obstante la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), en su página web recoge testimonios más antiguos que refuerzan las conclusiones del informe citado.
Quienes trabajan o han trabajado en la atención a los inmigrantes en Ceuta saben de primera mano que todo lo que refleja la noticia es real. Y así lo hemos denunciado en varias ocasiones. Como es real que prácticamente el cien por cien de las mujeres subsaharianas que llegan a Ceuta son víctimas de trata con fines de explotación sexual. Y que muy probablemente la extrema juventud del treinta y tres por ciento de los varones subsaharianos que llegan a territorio europeo no obedezca a su capacidad como fuerza laboral, si no a la mayor facilidad de las mafias para dominar a los menores.
Mientras vayamos a recogerlos a las costas so pretexto de que no se pierdan vidas humanas en el mar, la situación de estas personas no mejorará. Más bien al contrario, porque ello conllevará un aumento del precio de transporte (y aquí me refiero al precio desde el país de origen) y a una selección del solicitante en función de su mayor docilidad al abuso.
Y mientras conocemos casi con exactitud el número de muertos en el Mediterráneo -que es una enorme tragedia- nadie es capaz de cuantificar el número de migrantes que mueren en el itinerario victimas de las propias mafias a las que han pagado por el viaje. Y es todavía más trágico que no se alce ni una sola voz para denunciarlo.
No hay ONGs en el camino, desgraciadamente. Y sí Cuerpos de Seguridad y gobernantes corruptos. O estados débiles o fallidos. Terreno abonado para que las Organizaciones Criminales campen por sus respetos. En posteriores artículos trataré de ahondar en esto último.
La solución para esto no es recoger a todos los que de forma más o menos consciente se entreguen a las bandas mafiosas, si no precisamente todo lo contrario. Y empezar por algo que Francisco también ha dicho en esta ocasión: que la mejor manera de combatir este problema está en que se mejoren las condiciones en origen para que no haya necesidad de emigrar.
He seguido con mucho interés la visita de Su Santidad el Papa Francisco a Marruecos en la que, como era de esperar, se ha hecho referencia a la situación de los migrantes.
El Papa no ha aportado nada nuevo a su discurso habitual a este respecto nada ajeno a la buena voluntad de quién es la cabeza visible de una Iglesia que debe ser -y lo es- el paradigma de la lucha contra las desigualdades y la pobreza. Así, Su Santidad manifiesta su tristeza por la presencia de concertinas en los vallados de Ceuta y de Melilla y se reafirma en que nadie debe perecer en el mar como consecuencia de los movimientos hacia Europa.
Y en todo ésto se mezcla algo que está pasando muy desapercibido o está siendo muy silenciado: el papel que juegan las organizaciones criminales dedicadas al tráfico de seres humanos y al caso más extremo de éste, la trata de seres humanos con fines de explotación sexual o laboral.
Ya he citado en artículos anteriores la respuesta del Obispo de Dakar a las políticas excesivamente buenistas del Vaticano y la influencia que éstas pueden tener en el aumento de las actividades de las mencionadas organizaciones mafiosas. Que algunas ONGs e Incluso Organizaciones Internacionales las publiciten o las reclamen, puede entrar dentro de lo normal. Pero que desde el papado se potencien puede ser un tanto irresponsable.
Hace unos días ví en uno de los informativos de televisión un informe de una ONG que recogía testimonios de migrantes en Libia y las concusiones no pueden ser más sobrecogedoras: violaciones, torturas, abusos… tanto a hombres como a mujeres. Confieso que he intentado buscar el nombre de la ONG mencionada, pero la noticia se ha “borrado” de los medios. ¿Realmente tiene tan poco interés el que la opinión pública conozca lo que está pasando en esas etapas intermedias de la larga ruta migratoria entre los países de origen y las fronteras europeas?. No obstante la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), en su página web recoge testimonios más antiguos que refuerzan las conclusiones del informe citado.
Quienes trabajan o han trabajado en la atención a los inmigrantes en Ceuta saben de primera mano que todo lo que refleja la noticia es real. Y así lo hemos denunciado en varias ocasiones. Como es real que prácticamente el cien por cien de las mujeres subsaharianas que llegan a Ceuta son víctimas de trata con fines de explotación sexual. Y que muy probablemente la extrema juventud del treinta y tres por ciento de los varones subsaharianos que llegan a territorio europeo no obedezca a su capacidad como fuerza laboral, si no a la mayor facilidad de las mafias para dominar a los menores.
Mientras vayamos a recogerlos a las costas so pretexto de que no se pierdan vidas humanas en el mar, la situación de estas personas no mejorará. Más bien al contrario, porque ello conllevará un aumento del precio de transporte (y aquí me refiero al precio desde el país de origen) y a una selección del solicitante en función de su mayor docilidad al abuso.
Y mientras conocemos casi con exactitud el número de muertos en el Mediterráneo -que es una enorme tragedia- nadie es capaz de cuantificar el número de migrantes que mueren en el itinerario victimas de las propias mafias a las que han pagado por el viaje. Y es todavía más trágico que no se alce ni una sola voz para denunciarlo.
No hay ONGs en el camino, desgraciadamente. Y sí Cuerpos de Seguridad y gobernantes corruptos. O estados débiles o fallidos. Terreno abonado para que las Organizaciones Criminales campen por sus respetos. En posteriores artículos trataré de ahondar en esto último.
La solución para esto no es recoger a todos los que de forma más o menos consciente se entreguen a las bandas mafiosas, si no precisamente todo lo contrario. Y empezar por algo que Francisco también ha dicho en esta ocasión: que la mejor manera de combatir este problema está en que se mejoren las condiciones en origen para que no haya necesidad de emigrar.
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