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Fidel Raso
Viernes, 15 de Febrero de 2019

Españoles en su laberinto tradicional

No hay problema si pensamos que volvemos a la situación de siempre. Pero sí hay problema si nos quedamos en la situación de siempre. Perdonen el juego de palabras, pero el matiz es importante. Una cosa es “volver a” y otra “quedarse en”. Mucho me temo que nos vamos a “quedar en” la España ingobernable. ¿Sabemos convivir en una España democrática pero ingobernable? Me temo que tendremos que saberlo a la fuerza por primera vez en la historia contemporánea.

 

Casualmente, dos presidentes que representaron a dos sólidos partidos (PP y PSOE) y que formaron gobiernos han salido forzados por una suma de diputados suficientes que se posicionaron en contra de que siguieran.

 

Por un lado es preocupante la fragmentación de la derecha o del liberalismo o conservadurismo. Lo que ustedes opinen al respecto. Pero más preocupante es la fragmentación de la izquierda, o del progresismo o también  como lo quieran llamar. Pero si a todo esto se une la fragmentación del independentismo estridente, solo hace falta que alguien acerque una cerilla a tal combustible. Y puede pasar.

 

Muchos se preguntan si “con estos políticos” vamos a ir a “alguna parte”. Veamos algún “ambiente” anterior, por ejemplo cuando en 1933 nacía en Madrid la CEDA, la Confederación de Derechas Autónomas, una especie de partido conservador con buenos fondos económicos y que quería a actuar “dentro de la legalidad”. Casualmente ese mismo año desfilaba por Barcelona una organización a la que algunos calificaron de “pseudofascista” Stat Catal. Lo hacían con banderas donde había un triángulo azul y dentro de él una “estrella solitaria”, la misma que muestran ahora los independentistas. Aquella marcha, según señalaron, algunas crónicas, tenía un aire “paramilitar”.

 

La CEDA llegó a formar parte de Gobiernos republicanos, aunque se dudaba de lo que harían si conseguían una mayoría absoluta en el Congreso. Estaban respaldados por el Ejército y las fuerzas de Orden Público.

 

Conviene repasar también cómo quedaron aquellas elecciones de 1933, un tanto difusas por otro lado. Tanto en votos como diputados ganaron “las derechas”, con tres millones de votos, a las que seguían los socialistas con un millón seiscientos mil votos. El Partido Radical, con otro  millón trescientos mil votos, terminó de ocupar pódium de ganadores, y el resto estaba complicadamente fragmentado. La conclusión a la que se llegó fue que no se podría formar un gobierno estable. Resultado de aquello fueron las peleas en la calle y el cansancio de Manuel Azaña, por cierto en una época en la que había políticos de la talla de Gil Robles, Calvo Sotelo, Alcalá Zamora, Indalecio Prieto, Largo Caballero… Creo que España vuelve a su laberinto tradicional.

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