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Patricia Gardeu
Viernes, 11 de Junio de 2021

No era un loco, era un maltratador

La locura, la enfermedad mental, no es la justificación, ni la causa, ni el desencadenante. Tomás era un maltratador. Y sabía que matar a Beatriz no le haría tanto daño como matar a lo que, generalmente, una madre más ama: a sus hijos.

 

La Guardia Civil sospechaba desde el principio, hace 45 agonizantes días, que Tomás nunca había sacado a las niñas, a Olivia y a Anna, de seis y un año, de la isla de Tenerife. La Guardia Civil dejaba fluir las teorías de que el padre las había secuestrado y se las había llevado a Latinoamérica, a África. Y la madre se agarraba a esas hipótesis y hasta el último aliento defendía que las niñas estaban vivas, que era su padre, que no podía hacerles mal.

 

La madre, como víctima psicológica de ese hombre, de ese maltratador, lo perdonaba, lo justificaba. La madre se agarraba al último hilo de esperanza y estaba convencida de que volvería a abrazar a sus pequeñas. Porque no podía sostener que el hombre al que un día amó fuera capaz de dañar a sus propias hijas. “Esto es un teatro”, repetía Beatriz cuando se encontró la botella y la sábana, convencida de que se trataba de una escenificación para distraer a los agentes de una realidad, de una realidad que nunca llegó a materializarse, la de que las niñas estuvieran ocultas.

 

La realidad, la cruel realidad, es que para entonces las niñas ya estaban muertas y que el teatro fue el de hacer creer antes de suicidarse que se las había llevado. Porque de eso modo aún haría sufrir más a la madre en busca de unas hijas que jamás encontraría.

 

Con Olivia y Anna, en España desde 2013 han sido asesinados 41 niños y niñas enmarcados en la violencia machista, según el recuento realizado por el Ministerio de Igualdad. Asesinatos cometidos por sus propios padres o por las parejas o exparejas de las madres. A eso se le suma que cerca de 14.000 personas están desaparecidas en España, un 80 % de ellos, adolescentes. Yeremi Vargas, Sara Morales, Caroline del Valle, Gloria Martínez, Madeleine McCann son algunos nombres de niños y niñas desaparecidos a los que nunca se ha encontrado.

 

No, Tomás Gimeno no era un loco. Era un maltratador. Un hombre que para dañar a una mujer la mató en vida, matando a sus hijas, usándolas como objeto: causar daño a unas niñas para dañar a su madre.

 

Violencia fruto del patriarcado. Violencia que ataca a la infancia y violencia que ataca a la mujer.

 

Violencia vicaria. Violencia machista.

 

Y todas las madres estamos unidas, en ese hilo de desgarro, a esa madre que ya está en vida muerta.

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