8 de Marzo
Me contaba una refugiada de etnia albanesa que en la antigua Yugoslavia el 8 de marzo era algo así como el “día de la Madre”, que se felicitaba a las mujeres en general. Ella no asociaba la festividad a la de “las trabajadoras” quizá porque los regímenes comunistas consideraban a todos los ciudadanos como trabajadores. No hacía falta pues la distinción. Y como además se enfadaba conmigo si no le felicitaba: muchas felicidades.
Me hice el propósito de que este espacio no entrara en temas locales y pretendo sostenerlo, pero observo que en España se está produciendo también un deslizamiento del contenido del día hacia una conmemoración de la mujer en general. Y voy a aprovechar la coyuntura.
Voy a homenajear a aquellas mujeres que he tenido la ocasión de conocer en zonas donde el conflicto se dirimía a balazos. Esas que han sido empleadas como esclavas sexuales para solaz de las facciones combatientes.
A esas afganas, permanentemente ocultas a las miradas de los occidentales. Ellas que, por no tener derechos, incluso se les negaba la asistencia médica porque sólo había médicos varones.
A Latifa (nombre inventado) quien dijo tener 19 años. En su itinerario hacia España sufrió tal tipo de torturas y vejaciones que fue incapaz de hablar hasta después de algunos meses. El primer día que supimos que sonreía fue para nosotros motivo de una gran felicidad.
A Fatumata, Binta, Aïcha… hoy sometidas a esclavitud sexual en España y en Europa.
A esas madres magrebíes que he visto maltratadas por unos hijos que repiten conductas aprendidas de sus padres.
En sus países de procedencia no pueden hablar. De todas ellas quiero ser hoy su voz.
Y me sumo también a todas aquellas heroínas que, desde puestos en la Administración Pública, en Organizaciones Internacionales y No Gubernamentales, en España y fuera de ella, trabajáis todos los días para impedir que lo anterior vuelva a repetirse. Y para paliar tanto sufrimiento.
Me contaba una refugiada de etnia albanesa que en la antigua Yugoslavia el 8 de marzo era algo así como el “día de la Madre”, que se felicitaba a las mujeres en general. Ella no asociaba la festividad a la de “las trabajadoras” quizá porque los regímenes comunistas consideraban a todos los ciudadanos como trabajadores. No hacía falta pues la distinción. Y como además se enfadaba conmigo si no le felicitaba: muchas felicidades.
Me hice el propósito de que este espacio no entrara en temas locales y pretendo sostenerlo, pero observo que en España se está produciendo también un deslizamiento del contenido del día hacia una conmemoración de la mujer en general. Y voy a aprovechar la coyuntura.
Voy a homenajear a aquellas mujeres que he tenido la ocasión de conocer en zonas donde el conflicto se dirimía a balazos. Esas que han sido empleadas como esclavas sexuales para solaz de las facciones combatientes.
A esas afganas, permanentemente ocultas a las miradas de los occidentales. Ellas que, por no tener derechos, incluso se les negaba la asistencia médica porque sólo había médicos varones.
A Latifa (nombre inventado) quien dijo tener 19 años. En su itinerario hacia España sufrió tal tipo de torturas y vejaciones que fue incapaz de hablar hasta después de algunos meses. El primer día que supimos que sonreía fue para nosotros motivo de una gran felicidad.
A Fatumata, Binta, Aïcha… hoy sometidas a esclavitud sexual en España y en Europa.
A esas madres magrebíes que he visto maltratadas por unos hijos que repiten conductas aprendidas de sus padres.
En sus países de procedencia no pueden hablar. De todas ellas quiero ser hoy su voz.
Y me sumo también a todas aquellas heroínas que, desde puestos en la Administración Pública, en Organizaciones Internacionales y No Gubernamentales, en España y fuera de ella, trabajáis todos los días para impedir que lo anterior vuelva a repetirse. Y para paliar tanto sufrimiento.
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